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El IET profundiza en tres momentos clave en la historia de la Ingeniería con el ciclo “Conocer T”

El vicedirector del IET Juan Villalba junto (de izqda. a dcha.) a Sergio Monforte, Javier Ibáñez, Inma Plaza y Mariano Ubé.
El Instituto de Estudios Turolenses (IET) de la Diputación de Teruel (DPT) ha dado continuidad al ciclo “Ciencia para Conocer T” organizado en colaboración con la Escuela Universitaria Politécnica de Teruel (EUPT), que celebra la Semana de la Ingeniería. El Museo Provincial de Teruel ha acogido tres conferencias sobre tres épocas que marcaron la historia de la Ingeniería a través de los avances tecnológicos, con tres visiones de la extensa herencia de científicos, tecnólogos e ingenieros, a los que también se ha pretendido reconocer en este acto.
En él ha estado presente Juan Villalba, vicedirector del IET, quien ha conducido la iniciativa con Inmaculada Plaza, consejera científica del IET, directora de la EUPT y coordinadora del ciclo junto a Mariano Ubé, profesor de la EUPT. Villalba ha mostrado su satisfacción por el trabajo conjunto entre el Instituto y la Escuela, además de agradecer “el interés, altruismo y receptividad” de Plaza y Ubé desde el inicio de las actividades. El propio vicedirector Villalba ha recogido junto a la diputada Ana Cris Lahoz un diploma con el que los responsables de la EUPT han reconocido a la DPT y al IET la colaboración y el apoyo a este centro de la Universidad de Zaragoza.
“Conocer T” se ha diseñado “con el objetivo de aunar rigor científico y afán divulgativo”, ha comentado. En particular, las tres conferencias de esta tarde han sido “tres visiones impartidas por tres especialistas de gran nivel”. Asimismo ha hecho hincapié en la intención del IET de “crear un vínculo con la Universidad para futuras colaboraciones en todas las secciones del campus turolense”.
Ingenieros andualusíes
La primera de las charlas la ha impartido Mariano Ubé, bajo el título “Un marco de actuación: ingenieros andualusíes”. El profesor titular en la Escuela Universitaria Politécnica de Teruel y doctor ingeniero industrial ha aunado dos grandes ámbitos del conocimiento, como son la Ingeniería y la Historia, utilizando como hilo conductor las figuras de dos exponentes de la ciencia de Al-Andalus: ‘Abbās Ibn Firnās (siglo IX) e Ibn Jalaf al-Murādī (siglo XI).
Ibn Jalaf al-Murādī diseñó máquinas aún hoy admirables, incluso autómatas: relojes movidos por agua, mecanismos para elevar agua de pozos, cuadrantes solares o máquinas de guerra. En su “Libro de los secretos acerca de los resultados de los pensamientos”, encontrado en la Biblioteca Medicea Laurenziana de Florencia, recopiló todos sus trabajos. ‘Abbās Ibn Firnās fue un “renacentista” anticipado, ya que observó y midió el firmamento (impulsando la astronomía, ciencia crucial en la época), mejoró el proceso industrial del vidrio, midió el tiempo y fue capaz de surcar el cielo cordobés desde el barrio de la Arruzafa. De hecho, se considera uno de los exponentes de la aeronáutica.
Pierres Vedel
Seguidamente ha sido el turno de Javier Ibáñez con la traída de aguas y Pierres Vedel en el siglo XVI. Ha detallado que, en 1558, gracias a la maestría de Pierres Vedel, el agua de la Peña del Macho llegaba a la fuente de la Plaza Mayor de Teruel. El arquitecto e ingeniero francés consiguió resolver el problemático suministro de agua a la ciudad de Teruel durante casi cuatro siglos construyendo una de las obras de ingeniería del Renacimiento español más significativas.
Con una tecnología y unos recursos muy limitados, consiguió tender una conducción de 4.450 metros de arcaduces (tuberías cerámicas por las que el agua discurría por gravedad) otorgándole una pendiente muy escasa. El agua debía fluir a la velocidad necesaria para que la precipitación del carbonato cálcico y de las partículas que arrastraba no obstruyesen la conducción rápidamente. Pero, por otra parte, la inclinación de la conducción debía ser poca, para que el agua llegase a una cota que permitiera alcanzar la mayoría de los puntos posibles de la ciudad. Junto a los muros de la ciudad, Vedel construyó Los Arcos, la monumental obra que permitió salvar el último gran obstáculo orográfico. Esta es la única parte de la traída de aguas que ha recibido el reconocimiento que merece, a juicio de Ibáñez, doctor en Historia y arqueólogo, además de redactor del estudio asociado a la declaración como Bien de Interés Cultural, en la categoría de Monumento, del acueducto turolense de Los Arcos.
Las fábricas
La última ponencia ha sido “El paso de la industria artesana a las fábricas en la provincia de Teruel”, de Sergio Fernández, ingeniero industrial que ha realizado proyectos en instalaciones, energía y obra civil, así como la implantación de varias fábricas. Ha expuesto cómo a finales del siglo XVIII empezaron a aparecer las fábricas, tal y como las conocemos, en la provincia turolense.
Con la apertura de la fábrica de papel de Villarluengo en el siglo XIX, que empleaba una tecnología novedosa, comenzaron a usarse los recursos naturales en las fábricas igual que en la actualidad. La fábrica de papel se reconvirtió en fábrica textil, se amplió y aparecieron otras más pequeñas que harían de Teruel una potencia textil. De la misma manera, la minería llevada a cabo de forma familiar, en pequeñas explotaciones con escasos trabajadores, se industrializó.
El apogeo de las fábricas turolenses tradicionales se situó en la primera mitad del siglo XX con la llegada de la electricidad y el periodo de la autarquía. A partir de este momento, la ausencia de buenas comunicaciones y la creación de polos industriales hicieron que las fábricas tradicionales no pudieran competir; comenzó su declive y la despoblación rural.
La democracia, la apertura del país hacia el exterior y la entrada en la Unión Europea hicieron que aparecieran nuevas fábricas en la provincia alejadas de los aprovechamientos naturales. En los últimos años las mejoras en las comunicaciones y la aparición de nichos de negocio novedosos han permitido que las fábricas en Teruel no sean muchas, pero sí importantes en tecnología y producción, y en la labor social de frenar la despoblación.
El ciclo “Conocer T” comenzó el pasado mes de marzo con la realización de un taller de tecnología, impartido por el director cinematográfico José Ángel Guiméra, orientado a mostrar las técnicas que el cineasta Segundo de Chomón utilizó para entender los efectos especiales que se utilizan actualmente. La iniciativa se suma a la conmemoración del 150 aniversario del nacimiento de Chomón, enmarcada en la serie de actividades promovidas por el IET para reivindicar su obra y figura.


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